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  • gonzalowicht

¿Qué tiene que ver Goethe con el descubrimiento de la cafeína?

Actualizado: 18 dic 2020

El sabio alemán era un amante del café y ayudó a que el químico Friedlieb descubriera el compuesto principal de nuestra bebida favorita. ¿Cuál es ese compuesto? Tú lo sabes, pero igual aquí te lo recordamos.


Imagínate. Por esas circunstancias de la vida, tienes la oportunidad de conocer en vivo a tu héroe, a ese personaje al que tanto admiras y lo tienes por inalcanzable. Es más, te dicen que le harás una demostración sobre la habilidad que mejor dominas. Cantar, fotografiar, pintar, tocar la guitarra, etc. Es seguro que no solo estarías feliz, sino también atacado de nervios y miedo de cometer un error y arruinar ese momento mágico. Algo así le pasó al joven químico Friedlieb Ferdinand Runge el día que conoció al anciano Johaan Wolfgang von Goethe, uno de los sabios más famosos durante su época, y de cuyo encuentro los amantes del café siempre estaremos agradecidos. ¿Por qué? Te lo contamos ahora.

La historia narra que cuando estudiaba en la Universidad de Jena, Alemania, su profesor, el químico e inventor Johann Wolfgang Döbereiner, le pidió a Runge, de 25 años, hacer una demostración de los experimentos que realizaba para un buen amigo suyo: el poeta y científico alemán Goethe. Runge, emocionado, aceptó. Era imposible negarse. El autor de Fausto, por ese entonces de 70 años, era toda una personalidad por sus obras literarias y por su aporte en los diversos campos del conocimiento que cultivó, su presencia convocaba multitudes y entre los que más lo celebraban, eran los jóvenes.


natürlicher Kaffee

¿Y sobre qué trataban los experimentos de Runge? El joven químico estaba investigando sobre las propiedades de la planta belladona. Todo había empezado hace diez años. Mientras realizaba sus experimentos caseros, una gota del extracto de esta plata le había salpicado al ojo y, como consecuencia de esto, su pupila se había dilatado. Repuesto del pánico inicial por lo sucedido, Runge tomó nota sobre ello y ahora estaba profundizando sus conocimientos sobre este tema. Ello quería Döbereiner mostrarle a su amigo Goethe.

Llegado el día, Runge, nervioso, vestido con un esmoquin prestado y un gato entre los brazos, ingreso a la habitación en donde lo esperaba Goethe y otros personajes que le superaban en edad y con más kilómetros en el campo de la investigación científica. Para su buena suerte, todo funcionó. El experimento lo realizó en el felino y Goethe quedó asombrado y satisfecho con la exposición del joven Runge. Al término de la reunión, el sabio le alcanzó una bolsita con granos de café que le había enviado un amigo griego y le dijo: “También puede usarlos en sus investigaciones”.

Estimulado por el regalo de Goethe, Runge se puso manos a la obra en el laboratorio y, durante ese mismo año de 1820 cuando conoció al dramaturgo, descubrió la cafeína del café y con ello, brindó una explicación científica sobre por qué experimentamos ese estado de alerta y esa energía que nos revitaliza después de tomar una taza de café. Para 1823, es decir, tres años después del hallazgo, la comunidad científica validó las investigaciones de Runge y la palabra cafeína empezó a aparecer en los diccionarios médicos.

Fue así cómo Friedlieb descubrió la cafeína y su nombre quedó inmortalizado en el mundo cafetero. Y todo gracias a ese detalle de Goethe de darle unos granos de café para que los investigue.


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